Una de las grandes ventajas de los teatrillos y salones en que se cultiva el género llamado varietés, es haber sido un derivativo para que cierto público no busque en teatros donde debe cultivarse otro género, lo que en esos salones puede encontrar en abundancia.
Bueno es que se deslinde el campo. A un lado, el teatro; á otro, el escaparate. Que cada cual sepa dónde debe ir y dónde no, á satisfacer sus gustos y sus aficiones.
Hasta ahora, el arte y la literatura habían sido para esos teatros lirio entre espinas.
Esperemos que, en adelante, aunque no todo sean lirios, todas sean flores.
Con los comienzos de la temporada teatral anuncia su alegre entrada en Madrid el invierno de los dichosos.
Como en las procesiones españolas, Dios grande y Dios chico, hay siempre dos estaciones en cada estación del año. Una, para los que tienen sus diversiones distintas en cada una; otra, para los que pasan los mismos apuros en todas ellas.
En unas casas se piensa ahora en el abono á los teatros, en bailes y fiestas, en las nuevas noches de invierno, en alfombras y pieles. En otras se piensa en la falta de trabajo, en la pobre ropa empeñada.
El invierno acusa, como ninguna otra estación, lo terrible de las desigualdades sociales.