El hielo que endurece la tierra y dificulta al pobre labrador sus labores, sirve para que los ricos patinen sobre él, bien aforrados en pieles. Por si el hielo natural falta para su diversión, tienen patinaderos de hielo artificial.

La industria de los hombres no se ha cuidado tanto de aliviar males al pobre como de aumentar goces al rico. Verdad es que los pobres pagan mal y agradecen peor.

Por eso nadie trabaja para ellos; ni ellos mismos. Todas las comodidades, todo el lujo, todo lo que embellece y alegra la vida, pasa por sus manos sin dejar rastro de bienestar, de belleza ni de alegría. En sus manos todo es trabajo, pena y miseria.


XXX

¡Buenas reprimendas se está ganando Italia, de la parte de las señoras mayores, por querer ella jugar también á la señora mayor y hacer de gran potencia! ¡Como si fuéramos todos unos, frailes y tamborileros!

¡Tendría que ver! Cuando las grandes andan con mil remilgos y miramientos por no tropezarse ni ofenderse, que una loquilla viniera á enredarlas á todas.

Están Francia y Alemania, muy señoras y muy reverendas, nota va, nota viene, hasta aquí cedo y de aquí no paso, por si pueden evitarse el venir á las manos, que las dos tienen muy ocupadas, y se le ocurre á la señorita sin juicio de las tarantelas echarse de conquista y de bulla por esos mares.

Las grandes señoras, acostumbradas á ponerse el mundo por montera, dicen, escandalizadas ante la empresa de Trípoli, que esas no son formas entre naciones decentes y que de quién las habrá aprendido Italia.