De cualquier modo, bueno sería que las empresas y los autores se pusieran de acuerdo para explotar á todo pelmazo.—Entiéndase lo de pelmazo en el mejor sentido de la palabra.—Cada cual puede aplicar este ingreso, que al cabo del año sería importante, á la obra meritoria más de su agrado y de su simpatía.

También pueden rendir un tributo los ejemplares regalados, las tarjetas postales firmadas y demás molestias hasta ahora gratuitas y, por lo regular, poco agradecidas.

Los tiempos son prácticos, pero como los escritores y artistas hemos convenido que no está bien serlo en provecho propio, sigamos siendo desprendidos y generosos; pero ya que hemos de padecer tanta lata por amor al Arte, que nos sirva á lo menos de satisfacción padecerla en provecho de alguna obra de caridad.


En los salones de variedades se inicia un renacimiento nacional. Hasta ahora las canciones eran imitación ó traslado de couplets extranjeros. Hoy se cantan canciones españolas, antiguas y modernas; las artistas se tocan con la mantilla blanca, gran peineta y claveles—también se tocan de otras mil maneras; pero quédese esto de jugar del vocablo para sus intencionadas canciones.—Renace también el baile clásico español: fandango, bolero y panaderos; hay trajes del siglo xviii y bailarinas de la misma época. ¡Ese siglo xviii, el más afrancesado, que muchos tienen por el prototipo de lo castizo! ¿No hay quien tiene á Goya por el más español de nuestros pintores? A Goya, que unas veces pintó como los ingleses, otra como los franceses, y cuando pintó á su manera pintó de muy mala manera.

Verdad es que yo he leído en papeles de la época cómo se censuraban los sainetes de D. Ramón de la Cruz, como género á la francesa.

También creo que en este españolismo de bailarinas y cantadoras hay más de afrancesamiento que de españolismo. La prueba es que cuando vienen más españolas es cuando vienen de París. Y es que, ante la niveladora civilización, lo castizo va emigrando de unos pueblos á otros, como curiosidad de exportación. Dentro de poco será lo más difícil, para los curiosos de costumbres pintorescas y características, saber dónde han de hallar las de cada pueblo, porque lo más italiano estará en la Argentina, lo más americano en París, lo más francés en Nueva York, lo español, en Rusia, y lo ruso, en China. En Arte sucederá lo mismo: el del Norte habrá pasado al Mediodía, y viceversa. Los europeos pintarán como los japoneses, y los japoneses como los europeos. Habrá corridas de toros en Londres y boxeo en Sevilla. En Alemania no gustarán más óperas que las italianas, y en Italia, las de Wágner y Strauss. En Madrid se representarán operetas vienesas, y en Viena, zarzuelas españolas. Los pueblos juegan á las cuatro esquinas, y cuando alguien pide un poco de casticismo, en todas partes le dicen:—Por allí rebulle.—El cosmopolitismo es ya castizo en todas partes; lo castizo se ha hecho cosmopolita.


XXXII