El Porvenir Postal dedica todo un número á los carteros y peatones, elevando sentida y razonada exposición á los Poderes públicos, para que no tarden en mejorar la triste situación de tan humildes y desatendidos funcionarios.

Debiera ser obligatorio para todo gobernante un certificado cierto de haber vivido durante algunos años en algún pueblecillo, de esos abandonados de Dios y de los hombres. «Quien ve un pueblo, ve un reino», dícese en Castilla. Y más enseña la observación directa de uno de esos lugares, que todos los libros de Ciencias sociales y políticas.

¡El cartero rural, el peatón! ¿Quién piensa en las grandes capitales lo que sus servicios significan? Con nada están bien pagados. Cuando se aprecia de cerca su penoso servicio, ¿cómo no llamar la atención á gritos contra la injusticia, iniquidad en muchos casos, con que se desatiende á esos modestos héroes?

Pensando en esto y en muchas cosas más, es cuando se aprecian en todo su valor las brillantes campañas parlamentarias de republicanos y socialistas. Pequeñeces son éstas que no merecen fijar su atención. Es más importante demostrar que Maura es reaccionario y Canalejas poco liberal. Ser el eterno obstáculo y, como el alcalde famoso de Valdemorillo, que entraba por el Ayuntamiento diciendo desde la puerta:—¿De qué se trata? Que yo me opongo,—oponerse á todo y no oponerse á nada.

Próxima la discusión de nuevos presupuestos, ¿no habrá quien se acuerde de los carteros y peatones?


La fecunda imaginación de nuestros hacendistas, cuando de arbitrar nuevos recursos se trata, ya se sabe: al teatro por ellos. Como en ninguna otra industria ó negocio es tan fácil la investigación y comprobación de los ingresos, aquí que no peco ni me caliento la cabeza. Verdad es que los empresarios, actores y autores son pacientísimos corderos y, por verse unos á otros perjudicados, se conforman, muy satisfechos, con el perjuicio propio. El precio de las localidades aumenta, el público se queda en casa ó se va á la sesión continua del cine, y todos tan contentos.

Entretanto, los grandes caciques y terratenientes seguirán defraudando á la Hacienda y serán los primeros en decir que el teatro está muy caro y hay que organizar loterías caseras para esparcimiento de los niños y de los amiguitos. Porque ya se sabe que, cuando todo está caro, los únicos que pueden hacer economías son los ricos.