Como esos que dicen: Yo no soy español, soy algo más; soy ciudadano del mundo.

Tened por seguro que en el fondo es un regionalista que solo quiere ser ciudadano de su pueblo, y si es posible, vecino de su calle.

Por ser ciudadanos del mundo antes que españoles, regionalistas y anarquistas se confunden á veces, y entre la idea chica y la idea grande, estorban el andar de la vida, que no tolera empujones hacia adelante ni tirones hacia atrás de violentos ni de fanáticos, sino que va, va siempre, segura, majestuosa, al paso reposado y firme de los hombres de buena voluntad.


III

Se de una linda marquesa, por blasón de su hermosura, rayos de sol en campo de rosas, de pura elegancia española—única elegancia femenina á la que sientan bien todas las elegancias, lo mismo las de Van-Dyck que las de Watteau, que las de Gainsborough que las de nuestro Goya—que al salir del estreno de «Daniel» decía á sus amigos:

—Esta obra sólo puede gustar á los que no tienen una peseta ó no tienen vergüenza.

¿Una peseta ó vergüenza? ¡Pícara peseta! En qué poco ha estado que la obra no gustara por completo á cierto público.

¡Oh gentil marquesa, como aquellas de Versalles, más inconscientes ó más atrevidas al representar con su reina y en la misma corte, «Las Bodas de Fígaro», como si las burlas no fueran también amenazas; el autor de «Daniel» no tuvo consideración con vosotras. Ha recargado de negrura su obra, ¿verdad? Esas cosas no pasan en la vida ó por lo menos pasan de tarde en tarde. ¿No es eso? Los ricos no son tan malos ni los pobres tan desgraciados. Lo dices tu, lo dice la crítica. Sí, Dicenta ha recargado los colores.