Hay quien clama contra esto, que le parece atentado y profanación contra la ópera de Rossini.

No lo creo así. Si las obras musicales fueran profanadas en cuanto no se presentan en toda su integridad y en su marco adecuado, profanadas están todos los días en interpretaciones detestables, en ejecuciones parciales, en sextetos, pianos, discos fonográficos, etc.

Popularizar y vulgarizar estas obras en condiciones decorosas me parece obra muy laudable. Sobre que el interés del refundidor y el de los artistas que han de interpretar estas refundiciones, han de tener en cuenta con quién y hasta dónde pueden atreverse. Seguramente, á nadie se le ocurrirá reducir El ocaso de los dioses ni La Walkiria.

Pero la música ligera y alegre de El barbero, ¿por qué no ha de oirse en nuestros teatros de zarzuela? En Romea oímos la «Quinta sinfonía», de Beethoven, entre las danzas de la Tórtola de Valencia.

El teatro Real es teatro caro. Hay muchos que no pueden ir á la montaña; hay que llevarlos á la montaña—El barbero no son los Andes—aunque sea en pedacitos.

Créanlo esos críticos celosos del respeto debido á una obra. No es tan grave falta descender una ópera al género chico como elevar el género chico á categoría de ópera.


VIII

La obra literaria, el Arte moderno en general, aun en lo más serio y meditado, adolecen de inconsistencia, con aire de improvisación, de algo ligero y provisional.