En cada época hay un género literario dominante que, por decirlo así, da el tono á toda la literatura de una época. Hay un período literario épico, hay otro dramático, los hay líricos y los hay novelescos.
En la época actual el género dominante, el que da el tono á toda la producción artística, es el género periodístico. La literatura periodística domina sobre todo el Arte moderno.
El poeta lírico, el autor dramático, el novelista, el orador sagrado, el historiador, pintores y escultores; todos ellos son periodistas en sus poesías, en sus dramas y comedias, en sus novelas, en sus sermones, en sus historias, en sus cuadros y en sus estatuas.
La actualidad periodística con alas de mariposa; polvillo de sus alas, tinta fresca y pegajosa de imprenta, es la musa del Arte moderno.
Por eso cuando los mismos edificios, sólidas obras de arquitectura, los monumentos escultóricos de mármol ó de bronce nos parecen hojas de volandera actualidad, más nos sorprende hallar la obra de serenidad y de reposo en la obra periodística juntamente.
Tal es el libro de Azorín «Lecturas de España», formado con artículos de periódico que tuvieron su día de actualidad y entran ahora, por derecho propio, en la eterna actualidad de las obras maestras.
Cuando tantos libros grandes ofrecidos á la inmortalidad por sus autores, desdeñosos del juicio y del aplauso de sus contemporáneos, pasaron como pasa el artículo de periódico, este libro de artículos de periódico sólo ahora parece en su verdadera forma, con su prosa robusta, sano equilibrio de músculos y nervios, sus juicios certeros, su noble continente de hidalgo castellano.
Para mí, tan propenso á nerviosismos y destemplanzas, nada tan admirable como esta prosa de Azorín, tan distinta de casi toda nuestra moderna prosa. Entre tanto asomo de chillones colorines, es la prosa de Azorín como un buen grabado en acero, como un aguafuerte, donde claros y obscuros dan la exacta equivalencia de todos los colores y de todos los tonos.
Tiene este libro, además, para los que siempre hemos admirado á Azorín, aunque alguna vez haya irritado nuestra sensibilidad, la ventaja, sobre otros libros suyos, de que nada, al leerle, en nuestro sentimiento protesta contra nuestra admiración.
Azorín, como no podía ser menos, parece curado de su «maurismo» agudo. Ya no cree, como creen los conservadores, que el mundo es sólo un medio para que don Antonio Maura y don Juan de la Cierva gobiernen en España.