Azorín es demasiado inteligente, demasiado artista para limitar su ideal á los ideales de ninguno de nuestros partidos políticos. Su apasionada ceguedad conservadora fué... natural reacción de protesta contra los liberales.
Nuestros partidos liberales se dan tal arte que, en España, parece incompatible el ser liberal y el ser inteligente. Los conservadores tienen de bueno el no ser liberales; pero el no ser algo es ser muy poca cosa. Como la única ventaja que tiene un partido español sobre otro es no ser el otro, lo mejor es echar por la calle de en medio, aunque se exponga uno á que le miren de mala manera los de una acera y los de la otra, y más si ven que uno va por su camino sin hacerles maldito el caso.
Se quejan los políticos del desvío de los escritores, de los artistas. Pero ¿estiman en algo los políticos á los escritores, á los artistas? Lo que ellos estiman en el escritor no es la inteligencia, es la sumisión de la inteligencia.
Los políticos, como las mujeres, no se contentan con dominar en el corazón si no dominan en la cabeza. No se contentan con que los perdonemos sus faltas por cariño, quieren que no las conozcamos por ignorancia. Los políticos y las mujeres perciben claramente, aunque la envolvamos en palabras de afecto, la mirada de inteligencia que parece decirles: «Aunque te quiero... te conozco; á mí no me engañas.»
Las mujeres y los políticos odian á todo el que no pueden engañar.
Por eso los hombres inteligentes no son nunca afortunados en amor ni en política.
IX
En la historia del teatro español, durante la segunda mitad del siglo xix, es de gran importancia el estudio de los actores italianos que han pasado por nuestros escenarios y de su influencia sobre nuestro arte dramático y nuestro arte escénico.