En arte escénico no hemos podido aprender nada de los franceses; de los italianos, sí.
Los actores franceses van demasiado poseídos de su superioridad por esos mundos. Ya es hora de que se vayan desengañando.
Y conste que soy el primero en admirar á los buenos actores franceses y, entre ellos, á M. Le Bargy, á quien es lástima que el público madrileño no haya podido admirar como galán joven cuando, al sustituir á M. Delonnay en la Comedia Francesa, era excelente intérprete de las comedias de Musset.
Hoy, como primer actor, grand premier sole, habría algunos reparos que ponerle. Pero no es cosa de complicar la cuestión de Marruecos.
XII
El actor M. Le-Bargy me ruega que inserte en esta sección la siguiente carta. Así lo hago con sumo gusto y fina voluntad.
«Sr. D. Jacinto Benavente.
Muy señor mío: He tenido ocasión de decir á uno de sus compañeros que la improvisación en cualquier arte no me parecía un buen mecanismo de perfección en el trabajo y que para la mise en scene de una obra dramática prefiero, á los bruscos procedimientos de los comediantes italianos, el sistema de los ensayos lentos y minuciosos que han adoptado los teatros de París. Con tal motivo, se ha lanzado usted á la guerra como un conquistador y ha declarado que en la interpretación dramática, París ha sido eclipsado por Roma.