Monsieur Le Bargy, el ex socio de la Comedia Francesa, en reciente entrevista con el travieso Duende de la Colegiata, ha juzgado con despectiva frase á los actores italianos.
Al decirle el inquieto duende que los actores italianos ensayan las obras con mayor prontitud que los franceses, el celebrado actor hubo de replicar: ¡Así las hacen!
¿Cree el aplaudido intérprete de El marqués de Priola que es tanta la diferencia y siempre en favor de los actores grandes actrices?
Ni por artistas, individualmente considerados, y por compañías, en su conjunto, mucho menos, creo, y conmigo el público madrileño, que la desventaja está de parte de los actores italianos.
Entre los actores franceses los hay excelentes ¡quién lo duda! Pero, sea por culpa suya ó de los autores que para ellos escriben, lo cierto es que su trabajo se limita á una especialidad. Ni Sarah, ni la Bartet, ni la Réjane han interpretado en toda su carrera artística la variedad de obras y de personajes distintos que nuestra María Guerrero ó cualquiera de nuestras actrices.
Ahora mismo, en el último retrato de Sarah, intérprete de la obra Isabel de Inglaterra, vemos á Sarah, la de siempre, vestida... como Sarah, no como la reina Isabel; peinada... como Sarah... La misma Sarah que se presentó rubia en Cleopatra y ha sido Sarah eternamente; como Guitry es Guitry siempre y Mounet Sully es Mounet Sully en cuantas obras interpreta.
Actor por actor, ni Sarah es la Duse, ni ninguno de los actores franceses que nos han visitado es comparable á Zacconi, á Novelli, á Emmanuel, á Ceresa, á Flavio Andó; ni las compañías francesas, la de Antoine inclusive, han presentado nunca un conjunto como cualquiera de las compañías italianas.