Los actores franceses cuentan por docenas lo que ellos llaman sus «creaciones»; los actores españoles y los italianos, por cientos. Esta intensidad en la variedad es tan estimable, por lo menos, como la intensidad en la unidad. Y para el público, más interesante.

Si alguna vez vuelvo á París, tendré sumo gusto en saludar á M. Le-Bargy y en atender sus indicaciones; aunque temo no consigan rectificar mis juicios, ya que, actrices y actores, por dicha suya, serán los mismos que tuve ocasión de aplaudir, hace treinta años, cuando fuí á París por primera vez, y los mismos que he vuelto á celebrar cuantas veces he vuelto. Y los actores ¡ay! no son como el buen vino: con los años y con los viajes no ganan nada.


XIII

Existen industrias por esos mundos de las que no tenemos aquí la menor idea. Una de ellas es la cría de mariposas. En Inglaterra, en el condado de Kent, Mr. Newman ha destinado una granja á esta novísima producción, recompensada con no despreciables rendimientos.

En Inglaterra son muchos los coleccionistas de mariposas. Son muchos también los Museos que tienen por proveedor á míster Newman. La moda también ha venido á favorecer su industria. Mesas y veladores se cubren con una tela de seda y sobre ella mariposas disecadas de varias especies y múltiples colores. Todo ello se cubre con un cristal y el efecto es muy vistoso, como de bordado japonés ó chinesco.

Para obtener alguna nueva especie de mariposas es preciso un procedimiento llamado «azucarar». Para azucarar se emplea una mezcla de azúcar, melaza, ron, cerveza y jugo de pera. Con esta mezcla se trazan rayas sobre la corteza de los árboles. Las rayas han de ser verticales, á un metro del suelo, y han de tener 45 centímetros de largo por dos de ancho. Entrada la noche, las mariposas acuden á golosear. Las mejores noches de caza son las noches tormentosas. Cuanto más cerrada la noche, más fructuosa recolección.

Para la caza hay que proveerse de una cajita, bien mullida de algodón en rama, y de una linterna: con la linterna se ilumina la raya azucarada; el cazador acerca la caja, cuya tapa sostiene abierta con un dedo; el cazador elige su presa, toca ligeramente en la cabeza á la mariposa, la mariposa cae en la caja, que se cierra de golpe. Desde allí pasa á las jaulas de cultivo, cuando no es condenada á inmediata muerte.

Míster Newman posee unas cien mil mariposas. Algunas de ellas, como la llamada «Rey de la selva» (Purple Emperor), se paga á cinco y seis francos. Aunque son muchas las pérdidas en tan frágil mercancía, las ganancias compensan lo suficiente.