Y ¡es una industria tan poética! Aquí no se concibe. Y eso que el procedimiento de «azucarar» es muy conocido. Es el medio empleado por los Gobiernos para obtener mayoría en todas las votaciones. Los caramelos repartidos con profusión en el Parlamento vienen á ser el símbolo tangible y chupable de otras más apetitosas golosinas. Todo es «azucarar».
Pero ¿quién ha de criar mariposas aquí, donde es preciso proteger á los pájaros y donde no quedará dentro de poco animalito con alas, pájaro, mariposa ó poeta?
Lo raro es no ver cazuelas de mariposas fritas como de pájaros. Entre la substancia de una mariposa y la de un pájaro... ¡Comida de ilusión! Por eso tan española, tan madrileña sobre todo. El pájaro frito viene á ser para los madrileños la gallina que Enrique IV de Francia deseaba para todo ciudadano francés, como garantía de paz y de ventura en sus Estados.
En estos de España no pueden pedir los gobernantes más de lo que asegura un pájaro frito.
Ahora se trata de proteger á los pájaros con detrimento de la popular alimentación.
El pájaro tiene una leyenda sentimental de beneficioso para la agricultura.
Yo sé de quien prohibió que se matara ni se hostigara á un solo pájaro en sus huertas y tierras de labranza, y ¡vaya si notó el beneficio! De la siembra dieron tan buena cuenta como administrador en «absentismo» del amo. Y de la fruta... como si se hubieran propuesto anunciar un remedio contra la obesidad: la dejaron toda en los huesos.
Por eso digo que lo de beneficiar á la agricultura debe ser leyenda que han hecho correr los pájaros en combinación con los naturalistas. Y es que la mayor parte de los naturalistas estudian á los animales... disecados. Como al pueblo la mayor parte de los sociólogos. Así hay tantas lamentables equivocaciones al legislar.
Dentro de pocos días tendremos en el teatro de la Comedia una compañía italiana con el repertorio del Gran Guignol, á imitación del tan celebrado de París.