Género teatral, á ratos también literario, muy á la moderna. Rápido, cinematográfico, violento, brutal en ocasiones, se apodera del espectador por los nervios. ¡La inteligencia y el corazón se defienden tanto! Los autores dramáticos, atentos á la psicología del público, han comprendido que el espectador moderno es más atacable por lo fisiológico. Se impone un teatro rascanervios. Como única emoción, el espanto; como único razonamiento, la sorpresa; como único sentimiento, la curiosidad.

El autor se entra por los nervios del espectador como un loco, como un criminal, como un violador. Le considera como á una mujer histérica, se impone á él como hipnotizador, como alienista, como juez de instrucción. Es un teatro para estudiar á los espectadores. Obtendrá un excelente éxito. Sobre todo con las señoras. ¡A las mujeres les gusta tanto asustarse en público!

Después, y visto el buen éxito, padeceremos las imitaciones consiguientes. Y aquí sí que puede decirse como de tantas otras cosas: ¡Bien vengas, Gran Guignol, si vienes solo!


XIV

Un escritor de alto entendimiento y generoso corazón, el señor Zozaya, ha supuesto que yo era enemigo de los pájaros. De ningún modo.

Unas cuantas libras de fruta averiada por su glotonería no es razón para malquistarse con los pájaros. Como unas cuantas pesetas «sableadas» por un amigo no es razón para reñir con él, si el amigo es simpático y sablea con gracia; que es el caso de los pájaros al picar en la fruta.

Nadie como yo les defiende de asechanzas de gentes y de muchachos. Para sazonarles la acidez de la fruta añado unas migajas de pan á su merienda.

De no haber sido gato en otra encarnación—en ésta lo soy por gracia de madrileño—ó ave de rapiña—menos probable, pues no me queda el menor instinto,—no me remuerde la conciencia por haber perseguido, maltratado, cazado, ó simplemente devorado, después de cazado por otro, al más insignificante pajarillo.