Con este juego de sultanes compadres todo es tejer y tejer, para la diplomacia europea, en los asuntos de Marruecos. Lo peor es que Europa no consigue la civilización de Marruecos; pero Marruecos va á conseguir la descivilización de Europa.
En Francia, en el propio París, en el corazón de su corazón, como si dijéramos, ya se ha levantado cruzada contra el extranjero.
¡Si esto no es africanizarse!
La opereta vienesa triunfante no será una fórmula suprema ni definitiva del Arte para los teatros de género chico. Yo la juzgo reacción saludable; tal vez extremosa, como todas las reacciones. Hay quien la juzga inferior á nuestro género chico; hay quien, por el contrario, asegura que ésto ha matado aquéllo. En mi opinión, mejor puede decirse: Aquéllo ha traído ésto.
Aquéllo, es decir, nuestro género chico ¡había caído tan bajo! Hay que convenir en que la gracia española es siempre agresiva, dura. ¿No ha sido el hambre tema fecundo de chistes en nuestra novela y en nuestro teatro?
También el error de muchos escritores, al creer que lo castizo sólo se halla en las clases bajas de la sociedad española, porque es en ellas más superficial y no cuesta desentrañarlo, como en las clases alta y media, trajo la fatigosa repetición de cuadros populares, de cada vez más falseados.
De la calle vinieron admirables cuadros al teatro: La verbena de la Paloma, El santo de la Isidra; los hermanos Quintero trajeron las calles andaluzas, con su sana alegría y sus limpios donaires. Pero después llegaron los imitadores; como ya no quedaba qué traer de la calle más que el arroyo, se trajeron el arroyo al teatro con toda su suciedad y su grosería.
Esta opereta vienesa representa, en el género, la reacción idealista. Su gracia es inocentona, sus chistes infantiles, su literatura de novela sentimental á la moda del año 30; pero todo es dulce, amable, de una fantasía sin perversión, como sueño de niña casadera. Los dúos de amor terminan con besos en tiempo de vals y en el ritmo del vals se espiritualizan. Los hombres son galantes y las mujeres coquetas. Nadie se insulta ni salen á relucir las navajas. Las aldeanas visten de raso y ofrecen flores. Los militares son como príncipes de cromo...
Todo es lindo, lindo. ¿Pondremos á la finura el reparo de cursi? De ningún modo. Más vale que nuestras cocineras aprendan estas finuras de las operetas vienesas que no nuestras señoritas aquellas ordinarieces. Y perdonen los casticistas.