Hoy todavía dicen algunos de Zuloaga que nos calumnia. Zuloaga no hubiera pintado nunca La Vicaría.

La Vicaría era un cuadro de sueño. Los cuadros de Zuloaga son el despertar. Pero ¡hay quien dormía tan á gusto!


En Barcelona la opinión ilustrada de algunos médicos se ha creído en el deber de llamar la atención sobre los perjudiciales efectos causados en la imaginación de los niños por las películas cinematográficas.

El cinematógrafo, como el teatro, abusa de lo terrorífico.

Cuando la vida era más ruda y violenta; cuando la expansión individual alternaba, por lo menos, grandes heroísmos con grandes crímenes, estos espectáculos de horror no podían ser tan nocivos. En la vida moderna, tan socialmente disciplinada, en que los buenos ciudadanos no son capaces de grandes heroísmos ni de grandes virtudes, por no desentonar, por no descomponer el conjunto, y sólo se manifiesta el individualismo en los rebeldes y en los criminales, el contraste es más llamativo. Para una imaginación inquieta, al huir del gris monótono, sólo ve la intensidad del rojo de sangre. Los criminales son como héroes cuando no vemos héroes mejores.

Los dramas y las novelas románticas de ahora son dramas y novelas de ladrones y de asesinos. Sus aventuras son robos y asesinatos.

Estos son los modernos libros de caballerías, capaces á crear elementos artificiales inspiradores de siniestros propósitos.

El teatro y el cinematógrafo para los niños es un problema de higiene, un problema educador en que el Estado debe intervenir con urgencia.

Nuestras calles y nuestras casas, y el espectáculo todo de nuestra vida, ya son bastante para manchar el alma de nuestros niños. Que al asomarse con la imaginación á los sueños de nuestro Arte, nuestro Arte no sea más sucio, más negro que la misma vida.