En París han andado á cachetes un autor y un crítico por un quítame allá esa obra. El autor es M. Caillavet, fecundo colaborador de M. Flers, con algunas infidelidades, como es natural en toda colaboración, ya sea matrimonial, ya literaria; el crítico es M. Mas, del periódico Comedia; y la obra en cuestión es Primerose, representada en la Comedia Francesa.

En los Círculos teatrales de París ha sido sabrosa comidilla el incidente. Unos ponen por Tenorio y otros por Mejía. No estoy seguro, pero me atrevería á jurar, supuesto el compañerismo entre gente de letras, que los autores estarán á favor del crítico y los críticos á favor del autor. Los actores, naturalmente, á favor del autor y del crítico, en presencia de cada uno de ellos, y en ausencia... deseando que no hubieran quedado ni las plumas del uno y del otro.

En París, como en todas partes, la crítica teatral peca de benévola. Su mayor injusticia consiste, quizás, en tratar con igual benevolencia á todo el mundo. En este caso particular M. Caillavet no ha tenido razón para incomodarse. M. Mas es un fanático admirador de la Comedia Francesa. Considera dicho teatro como una preciosa institución nacional y vela celoso por sus prestigios y por sus excelencias. M. Mas cree que el teatro Francés no puede ser como otro teatro cualquiera, atento sólo á lo productivo del negocio; cree que son más elevados sus deberes y sus atenciones. Se lamenta de continuo porque los actores de la Comedia andan desperdigados por esos mundos y dificultan con sus continuas ausencias la esmerada interpretación de las obras. Deplora que las actrices del severo teatro conviertan la clásica escena en escaparate exhibitorio de atrevidas creaciones modistiles, y truena contra el predominio de las obras modernas sobre el repertorio clásico de Corneille, Racine y Molière.

Lo mismo que ahora contra Primerose, la obra de Flers y Caillavet, ha protestado contra otras muchas obras de Lavedan, de Donnay, de Bataille, de Hervieu.

Era un sistema, y ya se sabe que contra un sistema sólo es posible otro sistema. Como las bofetadas no pueden ser un sistema, el mejor de todos era el seguido por los demás autores y por el administrador de la Comedia Francesa, M. Claretie, hombre de mundo y de teatro: Dejar decir y... ¡que critiquen!, como decía Pina Domínguez al cerrar con ímpetu la portezuela de su elegante berlina.

Monsieur Mas sostiene, con razón, que sólo por tratarse de un teatro subvencionado se permitía protestar contra el excesivo número de representaciones de Primerose.

Monsieur Claretie opina que, no sólo de la subvención oficial vive su teatro, y con números, vencedores siempre de las letras, puede demostrar que el público prefiere las obras modernas á las de Corneille, Racine y Molière.

En un país republicano y democrático el sufragio universal es la razón suprema.