De donde se deduce que en la vida universal, como en la vida de cada uno de nosotros, todo es armonía y no hay para qué maldecir de las disonancias.


Sería falsa modestia hacerme el desentendido. Amigos cariñosos pretenden obsequiarme y, con el mejor deseo, acaso no aciertan con el obsequio de mi gusto. ¿Queréis saber lo que más pudiera satisfacerme? Nada de banquetes, nada de exhibiciones; podéis suponer que por grande que fuera mi vanidad personal, estaría ya bien satisfecha.

Empieza el invierno; hay una obra meritoria que no consigue prosperar, en lucha con la indiferencia: la obra del Desayuno Escolar. Yo os agradecería con toda mi alma que ese fuera el obsequio: contribuir á ella en lo que habíais de contribuir á obsequiarme en otra forma. A todos nos quedaría mejor recuerdo; la buena obra del Desayuno Escolar, atendida, será el mejor obsequio para mí y un obsequio más duradero en el corazón de todos los que nos unamos en el amor á los niños.

Si me creéis capaz de una gran vanidad, permitidme que me envanezca de este modo; si me estimáis lo bastante para creer que llevo más alto el corazón que la inteligencia, ya que por amigos os estimo más que por admiradores, sea el obsequio de corazón á corazón. Así el día que me sienta vanidoso, podré decir: «¡Gracias á mi talento, he procurado el desayuno á muchos pobres niños!» Y el día que me sienta modesto, por lo menos tendré el consuelo de pensar: «¡Yo no tendré mucho talento; pero los pobres niños de las escuelas tienen su buen desayuno en las mañanas del invierno!»

De suerte que ya lo sabéis: con este obsequio no me obsequiais para un día solo, que sería de vanidad; me obsequiais para muchos días: unos, de vanidad; otros, de modestia, que allá se van alternados, como los días tristes y los alegres; pero todos son buenos cuando sobre su variable temperanza ponemos algo que esté sobre nosotros mismos, sobre nuestras arrogancias ó nuestros desalientos.


XXVIII

Siento molestar á mis lectores con asunto referente en parte á mi persona, aunque, por tratarse de una obra buena, tenga ya más alto interés para todos. Pero debo satisfacción á cuantos han respondido generosos, y es justo que responda la gratitud en donde mismo se elevó el ruego.