Entre los acuerdos de la Comisión reunida para festejarme hay uno con el que no puedo estar conforme, y perdone la respetable Comisión. Todo cuanto redunde en beneficio de los pobres niños me parece de perlas, aunque sea á costa de mi exhibición personal. Pero la idea de erigirme un monumento, por sencilla que sea, tendrá siempre mi oposición más decidida. Soy enemigo de esos homenajes en vida, mucho más si la vida, por desgracia ó por dicha, aun no toca á su acabamiento. Yo no sé si habré ya escrito mis mejores obras; pero sé que aun puedo escribir las peores. Esos homenajes esculturales que, por serlo, tienen algo de funerarios, sólo pueden discernirlos con serenidad las generaciones futuras. ¿Qué sabemos lo que pensarán los que vengan de nuestras obras? Pesa mucha literatura sobre la Humanidad y de cada vez se impondrá una selección más depurada.

Necesitan estos monumentos, además, para su contemplación gentes desapasionadas; pero mientras vivimos entre amigos y entre enemigos personales, ¿quién sabrá decirnos dónde acaba la pasión y dónde empieza el conocimiento?

No, por Dios; nada de monumentos: todo para los niños pobres.

Y otra vez pido perdón á mis lectores por haberles hablado de mí; vaya en gracia de la intención.


XXIX

Aquellas guerras de los cien años, de los treinta años, tan molestas para los estudiantes de Historia Universal, ya no serían posibles. Las guerras de ahora tienen la ventaja de la brevedad. Mueren en ellas más hombres que en las antiguas; pero mueren más pronto. Puede ponderarse su corta duración con las mismas expresivas frases de cierto predicador, al considerar la rapidez de los deleites carnales: ¿Por qué os condenáis, hermanos? Si fuera asunto de una hora... ¿Qué digo de una hora? Si fuera asunto de cinco minutos... Pero, no; ¡zás, zás, zás, y ya estáis en el infierno!

Por fortuna, las guerras modernas son un lujo muy costoso. Lo único barato en ellas, por eso es lo único que puede derrocharse, es el factor hombre. Un soldado, con su ración y todo, vale bastante menos que los cartuchos por él disparados.

Esta baratura del factor hombre es consecuencia del poco coste de producción.