El alma de la multitud es amplia y, como en los amplios lugares, se pierden en ella los matices delicados; necesita de frases sonoras, calurosas, vibrantes. Sin duda los oradores lloraban de verdad en aquellos momentos; pero el público no pudo apreciar el valor de aquellas lágrimas sin palabras...

Y es que el Arte será una mentira, pero es insustituíble para comunicar verdades.


XXXII

El decreto para organización de la Policía ha promovido discusiones. La Policía es uno de los organismos sociales más difíciles de acomodar á gusto de todos. Si pretende ser previsora, es casi imposible que lo sea sin profanar á cada paso las libertades públicas y hasta el sagrado de la vida privada. Las indagaciones secretas, los informes privados, las fichas; en una palabra, todo lo que viene á ser higiene en la Policía es antipático á los ciudadanos. Sin perjuicio de censurarla airadamente y de pedirle estrecha cuenta de la imprevisión, cuando no ha podido evitar un delito, por falta, muchas veces, de esa higiene preventiva y molesta.

¿Cómo conciliarlo todo? Llamamos inquisitorial á la Policía si se excede en sus previsiones, y la censuramos por inepta si no es capaz de impedir un delito ó, si cometido, no lo descubre y esclarece en todos sus pormenores.

Sobre la Policía pesa una triste tradición en nuestro país, desde los alguaciles siniestros de nuestras novelas picarescas y sus cuadrilleros pavorosos hasta el polizonte del absolutismo y el guindilla de nuestras jaranas populares. No se dignifica una institución en un día. ¿Qué es preciso para ello? Que nadie considere vergonzosa la profesión de policía, que nadie se desdore por ser auxiliar suyo.

Indicado el nombre de un distinguido personaje político para la Jefatura de Policía, ¿no hemos leído la rectificación desabrida, como de quien rechaza una injuria? Pues es preciso que la Policía llegue á ser estimada como profesión noble.