¡Oh, excelentes reformadores y moralistas! Pedro Minio es España. Si no sabéis hacer cosa mejor, dejadle en el asilo de sus ilusiones. Mejor una vejez alegre que una juventud triste. Preferible siempre el asilo de la Indulgencia al de la Paciencia... que es preciso para soportaros.
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Pérez Galdós, en mi opinión, nuestro primer autor dramático, no acaba de serlo en opinión de todos, acaso por ser nuestro primer novelista y haberse declarado en nuestro país incompatible el ejercicio de dos soberanías.
Este es el país del encasillado y de las especialidades.
Se estima en más al que entiende poco de una sola cosa, que al que entiende mucho de todas. La insistencia en un mismo asunto, basta á darnos autoridad en la materia. Fulano pasó su vida hablándonos de antigüedades fenicias ó asirias ó caldeas. ¿Quién duda que sabe de ellas? Mengano pintó siempre los mismos borregos: para borregos, Mengano. Á nadie que quiera tener unos borregos bien pintados se le ocurrirá encargárselos más que á Mengano. El día en que se le ocurra pintar una vaca, así este mugiendo de propia, todo el mundo dirá: Esto no es lo suyo, que vuelva á pintar borregos... ¡En borregos, el único!
Somos poco amigos de trastornar nuestras ideas á cada paso; preferimos creer por fe á meternos en averiguaciones. Sabiendo que cada cual no hace más que una cosa, y siempre lo mismo, nos ahorramos el trabajo de examinar lo que hace.
¡Y no se diga de nuestro agradecimiento á los que no hacen nada! Esos sí que nos ahorran quebraderos de cabeza. Por supuesto, ellos sí que se quitan de muchos. Para los ociosos y los vagos, la envidia es siempre admiración, nunca censura. ¡Bienaventurados los que jamás trabajaron, porque de ellos será el reino de España!