¿Que hay exageración en todo esto? Prueben, prueben los aficionados á dejar de asistir á las corridas durante una temporada, y si después de algún tiempo, al volver á presenciar una, no sienten como yo toda la estupidez del ridículo espectáculo, será... ¡Triste sería! porque la verdad no tiene para ellos ningún camino; ni el del aburrimiento.
Solo el valor de un Frascuelo, superior á las cobardías del público, ó el arte primoroso de un Lagartijo y su frescura y despreocupación, superior á los insultos de ese mismo público, ó la maestría suprema de un Guerra, superior á los toros, al público y al espectáculo, pueden dar un aire de grandeza á las corridas. Pero la excepción confirma la regla, y el genio es superior á todo, á la misma esfera social en que emplea su actividad. Han existido ladrones y asesinos de genio, que no disculpan por eso el robo ni el asesinato.
Algo hay en los toros, no obstante, que les hace ser digno espectáculo de un filósofo. Si en la vida fuera todo bondad; si los hombres fueran siempre dignos y justos y razonables, la idea de la muerte sería tormento insoportable para el espíritu... ¡Dejar un mundo de delicias; separarse para siempre de una humanidad tan perfecta!
Conviene de cuando en cuando asomarse á donde toda la estupidez y la bajeza humanas se muestran en toda su desnudez, para que la idea de la muerte no nos parezca tan triste y hasta nos sea apetecible. Y hay que confesar que nada para esto como una corrida de toros.
XIX
El verano es la estación de las grandes crisis en las compañías teatrales. Se comprende; después de toda una larga temporada de invierno, los artistas con los empresarios, éstos con los artistas, y los artistas unos con otros, están que no pueden ya aguantarse. Tiene la vida del teatro algo de la vida á bordo; los primeros días todos los pasajeros simpatizan, todos parecen encantadores, se organiza toda clase de fiestas en que todos toman parte; poco á poco se van separando en grupos, cada día mas reducidos; en cada uno se murmura de los otros; al final de la travesía, ya no hay ni grupos; cada pasajero pasea solitario ó lee apartado de los demás, y en su interior piensa que en su vida ha tratado con gente más antipática y desagradable. Unos días más, y acabarían todos arrojándose unos á otros por las bordas en descomunal pelea.
El teatro es lo mismo. Á principios de temporada todos se adoran, se recibe con efusión á los recién llegados.—Aquí, aquí es donde tiene usted su puesto.—¡Qué gusto verme entre ustedes!—Las actrices se hacen confidencias de todo género. Los actores se muestran galantes con todas ellas. Aquello es un paraíso... Pero no va mediada la temporada, cuando ya sólo se juntan unos para murmurar de los otros, y viceversa; y si se juntan todos es para conspirar contra el empresario ó hablar mal de una obra. Y al terminar la temporada, ni para eso.—«Ciascun per se»—como cantan en «Los Hugonotes».