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El más cordial saludo al boletín «Pro Infantia», publicado por el Ministerio de la Gobernación. Todo en él es buenas intenciones, que debemos desear no vayan á empedrar el infierno, á cuya pavimentación ya han contribuído no poco los legisladores españoles. Los hombres tienen mal gobernar; acariciemos la ilusión de que estarán mejor empleados nuestros desvelos en los pequeños. No olvidemos, como dijo el admirable poeta Wordsworth, que «el niño es el padre del hombre».
XX
Moral del último—esperemos que aun sea el último—crimen. Los periódicos se recriminan unos á otros por sus indiscreciones y juicios temerarios; naturalmente, los más clamorosos en lamentarlas son los que siempre están más dispuestos á recoger cualquier especie del arroyo.
Una vez más salen á relucir las deficiencias de nuestras leyes procesales, en cuanto se refiere á supuestas culpabilidades y prisión preventiva. Y una vez más, nadie será osado á poner remedio. Lo de considerar á todo sospechoso como criminal es antiguo achaque de la Señora Justicia. Y aun peor al sospechoso que al verdadero criminal, que á éste, en fin, cuando ya está convicto y confeso, siempre se le agradece el descanso de tanta molestia como ocasionó su captura, y al otro, en cambio, á cada negativa se le pone peor gesto y se le considera como criminal más empedernido.
Y es de notar, también, el mayor respeto que inspira todo delincuente cuanto mayor sea la fechoría cometida. Así, tal vez el raterillo primerizo no escape de una buena solfa, como primera diligencia; pero á un feroz asesino nunca le faltará un admirador que le obsequie con un suculento «beefsteak», para que reponga sus fuerzas, después de una declaración emocionante.
El buen burgués, por su parte, también moraliza á cada crimen de estos sensacionales; habla de la corrupción de costumbres, se promete mayor cuidado en la selección de sus relaciones y más severidad con el pariente derrotado, que de vez en cuando suele pedirle dos pesetas:—Cuando venga el señorito Fulano, dicen á la criada, dígale usted que no estamos en casa, y no abra usted la puerta.