No, no hay que maldecir del público y de las glorias populares. «Azorín» es demasiado modesto. Acaso cree que él no puede ser popular. Pues qué, ¿cree usted que si sólo le leyeran á usted en la tertulia de D. Antonio Maura, iba usted á ser tan apreciado y tan conocido? Y si ya cree usted que le lee toda la mayoría... ¡ahí es nada! Contar con una mayoría. No cuenta con más el Sr. Maura, y nos gobierna á todos.
XXII
Es para que reflexionen los partidarios de la paz á todo trance; hasta para pedir paz hay que armar guerra, y en verdad, sería muy triste que para convencernos unos á otros de que no debemos pelear con el moro, diéramos en pelearnos dentro de casa, sin que por eso el moro dejara de pelear con nosotros.
Lo de cuando uno no quiere dos no riñen, no siempre es cierto entre particulares; pero, en fin, siempre le queda al más prudente el recurso de acudir á la policía ó á los jueces, si se ve atropellado y no quiere responder al atropello en la misma forma brutal. Por desgracia, para las agresiones colectivas no hay otra apelación que la fuerza, y eso es lo que no han comprendido muchos en esta ocasión. ¡No queremos guerra, no queremos guerra! Nadie la quiere; pero... ¿Vamos á llamar á la pareja de la esquina ó vamos á querellarnos al juez de guardia? ¡Y que son de confianza los mirones que nos rodean para irles con el cuento de que no queremos belenes! ¡Ah! ¿No quieren ustedes guerra?, nos dirán. Pues ya están ustedes demás aquí... Y ¿qué dirán entonces los pacíficos? Habría aquello de: ¡Gran vergüenza! ¡Estamos vendidos! ¡Lo último que nos quedaba!...
Lo que hay es que no se saca á los niños de casa, haciéndoles creer que se les lleva de paseo, para meterlos en el colegio. Y no se lleva á un pueblo á la guerra, haciéndole creer que no se trata de semejante cosa. El funesto sistema de tratar al pueblo como á eterno niño, suele traer malas consecuencias. «Honesty is the best policy», dicen los ingleses. La verdad es la mayor habilidad en política. ¿Cuándo acabarán de comprenderlo así nuestros gobernantes? ¡Gran lástima, cuando les ha tocado gobernar un pueblo con tesoros inagotables de heroísmo y de resignación!
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