¡Ah! Evítense las falsificaciones. Las más corrientes en las obras teatrales suelen ser: de lo literario con lo soso, de lo profundo con lo aburrido, de lo nuevo con lo extravagante, de lo poético con lo cursi, de lo atrevido con lo grosero. Todas estas falsificaciones se encierran en una: Tener el teatro vacío y decir que fué porque se hizo arte y el público no supo apreciarlo. El verdadero arte del teatro es... hacer negocio, y el verdadero negocio es... hacer arte. Shakespeare y Molière ganaron mucho dinero como empresarios. No sé si podrá decir lo mismo el señor Reinot.


XXIX

Si alguna vez—no lo permita Clio,—me viera precisado á escribir ó á explicar un curso de Historia de España en los tiempos modernos, por cuanto á su historia política se refiere, les aseguro á ustedes que saldría pronto del paso. ¿Gobiernos? ¿Cambios de política? ¿Conservadores, liberales? Es lo mismo. En España, en los modernos tiempos, no hemos tenido mas que un solo gobernante: el miedo.

Véase la clase: período de la Restauración; miedo á los republicanos. Todos los esfuerzos, toda la energía y todas las habilidades del que por entonces fué el amo de España, no tuvieron más alto fin que desbaratar y quebrantar á los republicanos. Acaso hubiera sido mejor política educar al país y fortalecer su voluntad por si llegaba el caso en que tuviera que gobernarse por sí mismo... Pero no, aquel gran pedagogo á la antigua española era de los que consideraban á los pueblos como eternos niños ó incapacitados... Adelante. Período de la Regencia: miedo á los carlistas, concesiones y mimos á Roma y contemplación de toda clase de gaitas eclesiásticas... Después, hasta nuestros días, un poco de miedo á los obreros; coqueteos socialistas, leyes y disposiciones mal meditadas, como procedentes del miedo más que de un espíritu de justicia... Después, miedo al catalanismo. Ídem, ídem de lienzo, con el feliz éxito que todos hemos podido apreciar... Ahora, miedo á... Miedo al valor, que es un colmo; miedo siempre y á todo. Y ¿es posible que una nación gobernada por el miedo pueda prosperar ni engrandecerse?

Muchas vueltas da en estos días el espíritu nacional en torno al Gurugú; esos riscos que han llegado á ser como símbolo de la barbarie atrincherada entre piedras y sombras... Más debiera de preocuparnos los muchos gurugús que tenemos en nuestra casa.

Hay en España una juventud que, ó se ha educado por sí misma, ó ha sabido elegir mejor conductores que los designados por la sabiduría oficial; hay en esa juventud políticos no malogrados todavía por el contacto con los viejos, aunque por mal entendidos respetos parezcan dejarse dirigir por ellos... ¡Déjense de respetos que nadie ha de agradecerles! ¡Juventud española, adelante, arriba á la conquista del Gurugú nacional! El Miedo ha gobernado bastante.

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