Todo esto y algo más, por este orden, supone pequeñas molestias, ocultos sacrificios que no hallarán eco en las crónicas de sociedad ni harán figurar tanto nuestros nombres como las listas de las suscripciones benéficas y patrióticas. ¡Es tan fácil ser generoso y magnánimo y valiente, cuando todos nos miran! Lo difícil es serlo humildes y callados, en el anónimo de una obra donde sólo se lea un nombre: Patria.
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Todos los días y en los sitios más céntricos, saluda uno ó procura no saludar, aunque en Madrid á nada compromete el saludo, á conocidos carteristas, estafadores, chanteurs, jugadores de ventaja, etc. etc.; el que más y el que menos con una docena de causas pendientes y todos ellos paseándose en la más dulce libertad y sin desatender los negocios de su profesión, mediante fianza pecuniaria ó personal, prestada por algún conocido tabernero.
Estas facilidades no rezan con el escritor procesado por delitos de pluma, que no fué falsificadora. Á éste no se le excusan rigores ni molestias. ¡Suprema voluptuosidad de unos Nerones de poquito!
No están los tiempos para hacer de tigres y se contentan con ser chinches. Porque toda esa rigurosidad, cuando en la conciencia de todos está que, por muy excepcionales que sean las circunstancias, no puede ser delito un mes al año, lo que no debe serlo nunca, no pasa de ser... chinchorrerías. Gusto de poder decir á cuatro amigos, frotándose las manos de gusto: Para que vean cómo las gastamos. ¡Que se fastidien!
Sí que saben ustedes fastidiar, pero ¡si ustedes vieran que no es por eso!