Lo que puede uno hacer de más provecho es... hacerse el muerto. Esto es lo que acaso no comprende el partido conservador, que ahora quiere mostrarse más vivo que nunca. ¡Gran desconocimiento de sus intereses! La agitación de tantos años de mando no puede por menos de haber alterado su organismo. Nada mejor que el reposo y el silencio. Es el mejor sistema curativo para la neurastenia. Crean en mi consejo desinteresado: cuanto más quietecitos y más muertos parezcan, más pronto lograrán nuestra admiración. Los vivos molestan á todo el mundo. Los muertos sirven para que medio mundo moleste al otro medio, recordando las virtudes de los difuntos. Procuren sacar todo el partido posible de su papel de muertos, que es el más airoso en esta tierra de los recuerdos... y de los olvidos fáciles. Ellos deben saber mejor que nadie cómo una corona de difunto puede convertirse en aureola.

* * *

Entre todos los personajes de nuestro teatro ninguno despierta tanta simpatía como Don Juan Tenorio. Ningún otro podría soportar la periódica reaparición con tanta seguridad de aplauso. ¡Es tan español este Don Juan, de Zorrilla, de quien hay que creer en empresas y amoríos, más por lo que dice que por lo que hace, como á casi todos nuestros políticos!

Y de un pueblo que adora á Don Juan, ¿no podrá decirse como á él mismo su amada: «Con Don Juan te salvarás ó te perderás con él?» Confiemos, como Don Juan, en la infinita misericordia divina que le abrió las puertas del cielo, no por sus acciones, seguramente, sino por los bellos versos en que supo decirlas. ¿Por qué no han de pesar tanto en la justicia divina las bellas palabras como las buenas obras?


XXXV

Quien llamó á París Cabotin ville ¡vaya si supo ponerle nombre! Todo en ella reviste aspecto teatral, y no es extraño que los comediantes de París sean, si no los más artistas, los más actores del mundo; porque en todo parisién hay un comediante nato, y en toda parisiense ¡no se diga!

El proceso Steinheil es en estos comienzos de temporada, la pieza de mejor éxito, y lo será, por lo menos, hasta el estreno de Chanteclair. Sólo Rostand puede competir con esa admirable artista hembra, que es á la vez autora y actriz en la interesante obra representada. Hay que convenir en que cuenta con inteligentes partenaires para darle la réplica, y el público, por su parte, interviniendo en la acción, como el coro en la tragedia griega, contribuye á sostener el interés de la enredada trama, que para sí quisieran todos los escritores rocambolistas y sherlockholmistas que en el mundo han sido.