¿Por qué prefirió el poeta interesarnos con amores y asesinatos misteriosos? Yo, menos que nadie, le culpo; sé lo que influye en el artista más seguro y consciente esa preocupación de que el teatro es una cosa aparte.
Créame el admirable poeta Eduardo Marquina: no se deje influir nunca por los que dicen conocer al público. El público es como las mujeres, sólo ama á quien le domina, aunque por el pronto parezca inclinarse á quien le halaga. Pero un poeta como Marquina no debe contentarse con ser el amante de una noche, sino el esposo de toda una vida.
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Cuando empresas y autores y público padecemos á tantas señoritas de mejor ó de peor familia, que sin figura, sin condición alguna, y hasta sin vocación, se dedican al teatro, bien merece un aplauso excepcional la que, sin necesitar del teatro para nada, le ofrece por verdadera vocación todos los prestigios de su figura, de su talento y de su nombre ilustre. El éxito de Anita Martos, en su presentación, es de los que permiten toda sinceridad sin ampararse de la galantería. Tenemos una excelente actriz, y cuantos se interesan por el Arte dramático deben alentarla y sostenerla, no con el público y con la crítica, que en esto, como César, llegó... la vieron y venció, sino con ella misma, para que no desmaye en el camino emprendido, que no es todo de flores, y quien tantas venturas puede lograr en la vida, no es difícil que á la primera contrariedad renuncie á las del Arte. Hagamos votos por que los suyos sean de verdadera profesión. El Arte es un divino señor que bien merece todo sacrificio.
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¿Quién disparó?—Novela de Joaquín Belda—bien pudiera ser el Quijote de las novelas policíacas, de las que Sherlock Holmes es algo así como el Amadís de Gaula.
Decir que en la novela de Belda hay risa para todo el año, es decir muy poco; porque estamos á fines del de gracia de 1909. No conviene tampoco tal avidez de placeres desordenados; según están el mundo y la literatura, con unas horas de regocijo sano bien puede darse por contento el más asiduo lector de libros modernos. Sobre la risa, hallaréis por adehala, y, burla burlando, primores de estilo y hasta un poco de verdor; con que nada echaréis de menos de lo que cualquier novelista del día puede ofreceros por el mismo precio y sin la risa, que vale más que todo; que no es lo mismo reírse de un libro que reírse con un libro.