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En Alemania, tan atenta á la reproducción y á la cría de la raza humana, se proyecta una ley encaminada á su selección, impidiendo contraigan matrimonio los individuos que padecen enfermedades hereditarias ó incurables.
En verdad, que cuando todo se cultiva, se selecciona y se mejora por el cultivo ó el cruce, en las especies vegetales y animales sólo al hombre se le permite la más inculta espontaneidad en su reproducción.
El «fetiche» de la espiritualidad del amor—espiritualidad que es sólo una coquetería más del celo—ha impedido hasta ahora la intervención de la Ciencia en los matrimonios desiguales y disparatados.
El remedio no será todo lo eficaz que la ley se propone, porque fuera de la ley, justamente, queda siempre el más vasto campo al amor, y ¡cualquiera le pone puertas al campo! Pero algo podrá conseguirse ¿Otro remedio más eficaz? No es este lugar para exponer algunas atrevidas consideraciones sobre este asunto. Algún día las expondré con entera libertad en un libro ó folleto, ó lo que salga, con espanto de muchos, como todas las verdades.
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Oído en el día de las últimas elecciones para concejales:
Un cochero de punto ve pasar desde su pescante á un compañero, fuera de servicio y algo apuntado de bebida.
—¡Eh! ¿Estás de fiesta? ¿Adonde vas?