—¡Á votar!
—¡Á votar, tú! ¿Á quién?
—¿Á quién ha de ser? Á los socialistas; á los hijos del trabajo... ¡Yo soy también un hijo del trabajo! Sólo que yo estoy reñido con mi padre.
XLII
Ya pareció Maese Reparos; y ¿cómo pudiera faltar? Con motivo de la inauguración del Teatro para los niños, hay quien advierte que los niños están mejor en el campo que en el teatro. ¿De veras? ¿Creen ustedes que yo lo había puesto en duda por un momento? Sólo que... ¿Campo en Madrid y en invierno? Yo sólo creía que, dado el egoísmo de ciertos padres, incapaces de privarse de un espectáculo impropio de niños y capaces de llevarlos al teatro, lo mismo á un terrible drama con su buen adulterio, que á una comedia de malas costumbres, que á una chulería del género chico, donde nada bueno pueden oir los muchachos, siempre sería preferible que existiera un teatro en que, aunque por sistema no se moralice, nada se oiga al menos que pueda manchar, esta es la palabra, el espíritu de los niños.
No es que yo considere ese teatro como remedio de todos los males; supongamos que es un mal menor: ya será algo. Pero, francamente, de eso á que unos cuantos señores, á quienes nunca se les ocurrió protestar por ver á los niños en otros teatros, nos vengan ahora con la monserga del campo y del aire puro, á propósito del Teatro para los niños, hay la distancia del criticarlo todo al hacer algo, aunque sea poco. Yo no me considero un héroe ni un bienhechor de la humanidad por haber patrocinado ese teatro, pero tampoco es para que se me considere como un malhechor. Con menos trabajo y menos entusiasmo, un par de piezas sicalípticas me dejarían más en limpio. ¡Bello país! ¡Cuántas veces hubiera uno emigrado si no hubiera uno aprendido á despreciar desde muy joven!