El buen gusto del público de París no se avenía con la presentación escénica de Chantecler, ridícula y poco artística, digan lo que quieran los reclamos. El afán de realidad en la presentación de una obra poética y fantástica ha llevado, como suele suceder, á falsedades que una fantasía de artista hubiera evitado. ¡Qué diferencia de esta mise en scene á la de El pájaro azul, de Maeterlink, representado en Londres! Pero la amable crítica francesa para todo tiene remedio, hasta para los fracasos menos disimulables. Alguien ha encontrado el medio de idealizar, mejor dicho, de realizar las falsedades de presentación en Chantecler y las desproporciones evidentes entre lo representado y su representación. Mirar al escenario por el revés de los gemelos. De este modo, empequeñecidos personajes y decoraciones, todo parece la verdad misma. El gran Guitry parece todo lo más un gallo cochinchino; Simone, una faisana al natural, y Coquelin hijo, un perrillo de buen tamaño.

Achicándolo todo por este procedimiento, la obra quizás se agrande.

Lo contrario de lo que nos sucede aquí con nuestros políticos: ellos nos parecen muy grandes, y la obra cada vez más pequeña.


IX

Siempre es peligroso ir contra las corrientes populares. En el programa del nuevo Gobierno figura, para ser ley muy pronto, el servicio obligatorio. Indiscutible en teoría, dentro de esa igualdad que las leyes nos reconocen á todos como ciudadanos, aunque la Naturaleza la desmienta á cada paso; más atenta que á la igualdad, á la armonía, que no es lo mismo; pues á ella contribuyen, como en música bien compuesta, tanto como los acordes, las discordancias; ¿es tan indiscutible en la práctica? Por acercamos al ideal bruscamente, ¿no tropezaremos con duras realidades, cuyo choque, no sólo destruye el ideal, sino realidades positivas que debemos alejar de todo peligro cuidadosamente? No basta mejorar los cuarteles; no son cuerpos mortales solamente los que han de alojarse en ellos y han de acomodarse á su disciplina; son espíritus también, que no se disponen tan pronto ni tan fielmente como los materiales: alojamientos y provisiones. La Religión y la Milicia: «Religión de hombres honrados», que dijo Calderón de la Barca, no pueden existir sin una fe ciega, cuyo más sólido fundamento sólo puede hallarse en una humilde ignorancia ó en una superior filosofía, aparte los casos de predestinada vocación. Pero entre las humildes inteligencias y los entendimientos superiores capaces de crear objetividades de su propia subjetividad, existen en gran mayoría esas inteligencias medias que han dejado de ignorar y no han llegado á saber. Estas serían las dominantes en el Ejército con el servicio obligatorio; éstas las que llevarían á él todos los fermentos de una cultura mal reforzada. En ella abunda la moderna generación intelectual, y de ello se resiente todo el organismo social. ¿Tendría virtud el servicio obligatorio para disciplinar á esa masa, ó no sería ella la que llegaría á contaminar el sano organismo del Ejército?

La ejemplar conducta de distinguidos voluntarios en la última guerra de Melilla ha influído, sin duda, en la opinión y en los gobernantes para confiar en la virtud del servicio obligatorio. ¡Hermosa es la fraternidad de todas las clases sociales en defensa de la Patria y en los peligros de una guerra! Pero no son los tiempos de guerra norma para presumir las ventajas ó los inconvenientes del servicio obligatorio. Lleva la guerra en sus peligros y en sus actividades, virtud moralizadora con la que no puede contarse en tiempos de paz.