Nuestro indisciplinado individualismo no comprenderá nunca que la obra de arte es obra de todos, y que su inmortalidad más depende de todos que de la obra misma.
En España, cada uno quisiéramos ser el único grande hombre de un país de imbéciles; el único honrado entre una caterva de pillos. ¿Qué buena planta puede arraigar en terreno donde las moléculas de la tierra se disgregan al recibirla? Ya dice el Evangelio: «¡Ay de la casa desunida!»
Nunca mejor ocasión de mostrarnos unidos, con solidaridad de la grande, que en el próximo Centenario de Cervantes. Acabamos de dar lucida fe de vida en guerra. Nada valen las funciones bélicas, por gloriosas que sean, si no las consolidan inmediatamente fiestas de paz. En recientes cuchipandas hispanoamericanas hemos traído y llevado el Verbo y... ¡ay, también el adjetivo de la raza y de la lengua! ¡Vamos á verlo!, como dicen los taurófilos, mejor dicho, los torerófilos, sobre todo al llegar la hora llamada de la verdad. ¿Podrá ser esa hora la del Centenario de Cervantes?
¡Oh, mi gran D. Mariano, tenéis razón!, inútil es dirigirse á los políticos, porque en tal solicitud, empezada á redactar en lunes, habrá que raspar cinco nombres antes de llegar á entregarla el sábado. Pero si los Gobiernos pasan, otras cosas quedan. El Ejército y los artistas españoles deben bastarse, y por derecho propio, á monopolizar para sí toda la gloria de unas fiestas nunca igualadas. Es preciso borrar el recuerdo de aquellas lastimosas del Centenario del Quijote; es preciso... resignarnos á que nos llamen lateros, hasta conseguir levantar los espíritus. Contad, D. Mariano, con mi humilde cooperación para organizar funciones teatrales, para lo que de mi negociado dependa. Tiempo hay sobrado; pero el tiempo español vuela. Naturalmente: el tiempo nos gobierna y pasa... como nuestros Gobiernos.
El maestro D. José Serrano solicita opiniones en el pleito entablado por la Sociedad de Autores sobre el libre aprovechamiento de obras extranjeras no garantizadas por tratados internacionales. Voto con el maestro Serrano. Por lo mismo que la ley no las ampara, razón de más para respetarlas. ¿Con qué razón podremos quejarnos de algunos empresarios y editores americanos, si nosotros justificamos su conducta con nuestro ejemplo?
Bien está preocuparse por los intereses materiales y saber de sumar y multiplicar, y que letras y números no anden divorciados; pero la Sociedad de Autores, por honor de su nombre, debe comprender que hay también intereses morales que también tienen su valor en una suma total. Verdad es que una Sociedad de Autores en donde el dinero decide de las votaciones... Claro es que el dinero representa trabajo. ¿Representa siempre arte? Pero hay quien prefiere ser considerado como artista á la hora de estrenar y como negociante á la hora de cobrar... ¡Véase, cómo en estos tiempos del sufragio universal y del voto obligatorio, adónde demonios ha ido á refugiarse el voto restringido y el triunfo de la plutocracia!