Me parece muy bien que algunos críticos, fervientes devotos de la amable bagatela, dediquen columnas de encomiástica prosa á la tiple de sus simpatías y al garrotín de sus aspiraciones. Pero no me parecería mal, porque no creyéramos tan pronto que el instinto del pudor había desaparecido aunque haya venido muy á menos, que á la representación de La vida es sueño, en el teatro Español, se le concediera un poco de atención entretanto.

Se protesta, con la boca chica, contra la invasión de la ola verde y la ola que pasa de castaño oscuro, y de si aquí no se hace arte como se debe, y de si acá se debe porque se hizo arte; y, para una vez que se presenta ocasión de celebrar una noble tentativa artística, silencio ó discreción con sordina parecida al silencio.

La vida es sueño, no representada en el teatro Español con frecuencia desde los tiempos de Rafael Calvo, ha sido ahora muy decorosamente presentada, revelando una cuidadosa dirección escénica. Ricardo Calvo es el mejor Segismundo que hemos visto, después del inolvidable Rafael Calvo, el actor de nuestra juventud y de nuestros entusiasmos. Los demás actores componen un excelente y armónico conjunto. La obra... no es para morirse de risa; pero puede oirse todavía. Algunas de antes de ayer están más viejas. En fin, que por mucho menos, pero muchísimo menos, hemos leído sartas de elogios que siempre quisiéramos ver más justificados que la parquedad de ellos en esta ocasión.


Nos extrañaba que las calles de Madrid estuvieran tan sucias. Ahora nos extrañará verlas alguna vez medio limpias. Nos hemos enterado de que, para poner remedio á la suciedad, cuenta el Ayuntamiento con 80 barrenderos... para todo Madrid. ¡Eso es lujo! ¡Vaya, que si no se puede comer sopas en esas calles!... ¿Para cuándo esa subvención á la capital? ¿Cuándo se convencerán los Gobiernos de que con calles limpias y carreteras bien cuidadas y bonitos paseos, estaríamos tan á gusto, aunque nos suprimieran las garantías constitucionales, que no son de uso tan constante y necesario?

¡Estas calles de Madrid!... Créalo el Gobierno: hoy por hoy, es la única oposición seria con que cuenta. Una vez arregladas y limpias ¡ríase el Sr. Canalejas de los quinquenios conservadores!


XLI

Cuenta Gracián en su Criticón—perdone Azorín que me entre por sus dominios—que, cuando españoles, portugueses, ingleses y holandeses descubrían y se posesionaban de vastos territorios en el Nuevo Mundo, acudió Francia en queja al supremo tribunal de la justicia divina, lamentándose de haber sido olvidada en el reparto. Y el alto tribunal contestó á la querella: «¿Y qué necesidad tienes, ¡oh, Francia! de unas Indias? ¿No tienes ya bastantes Indias con España? Toda su riqueza y la de sus Indias viene, al fin, á ser tuya; que los españoles te la ofrecen gustosos, á cambio de tus baratijas.»