Crispín. Pues ved que mi amo puede ser hoy rico, poderoso, si el señor Polichinela consiente en casarle con su hija. Pensad que la joven es hija única del señor Polichinela; pensad en que mi señor ha de ser dueño de todo; pensad...

Doctor. Puede, puede estudiarse.

Pantalón. ¿Qué os dijo?

Hostelero. ¿Qué resolvéis?

Doctor. Dejadme reflexionar. El mozo no es lerdo y se ve que no ignora los procedimientos legales. Porque si consideramos que la ofensa que recibisteis fue puramente pecuniaria y que todo delito que puede ser reparado en la misma forma lleva en la reparación el más justo castigo; si consideramos que así en la ley bárbara y primitiva del talión[100.1] se dijo: ojo por ojo, diente por diente, mas no diente por ojo ni ojo por diente... Bien puede decirse en este caso escudo por escudo. Porque al fin, él no os quitó la vida para que podáis exigir la suya en pago. No os ofendió en vuestra persona, honor, ni buena fama, para que podáis exigir otro tanto. La equidad es la suprema justicia. Equitas justicia magna est.[100.2] Y desde las Pandectas[100.3] hasta Triboniano con Emiliano Triboniano[100.4]...

Pantalón. No digáis más. Si él nos pagara...

Hostelero. Como él nos pagara...

Polichinela. ¡Qué disparates son éstos, y cómo ha de pagar, ni qué tratar ahora!

Crispín. Se trata de que todos estáis interesados en salvar a mi señor, en salvarnos por interés de todos. Vosotros, por no perder vuestro dinero; el señor Doctor, por no perder toda esa suma de admirable doctrina que fuisteis depositando en esa balumba de sabiduría; el señor Capitán, porque todos le vieron amigo de mi amo, y a su valor importa que no se murmure de su amistad con un aventurero; vos, señor Arlequín, porque vuestros ditirambos de poeta perderían todo su mérito al saber que tan mal los empleasteis; vos, señor Polichinela..., antiguo amigo mío, porque vuestra hija es ya ante el Cielo y ante los hombres la esposa del señor Leandro.

Polichinela. ¡Mientes, mientes! ¡Insolente, desvergonzado!