Luisa. Entonces di que la que te dejó fue ella.
Pepe. No, ella no quería dejarme; estaba también por las mutaciones, pero por otro sistema.
Luisa. ¿Y sentiste mucho aquel desengaño?
Pepe. ¡Ya lo creo! Fue cuando pasé aquella temporada en París para distraerme.
Luisa. Sí, es verdad. Vaya, vaya, pareció[8.1] la novelita.
Pepe. Cuando tío Ramón fue a buscarme, comisionado por papá, porque le habían dicho que yo tenía allí amores.
Luisa. ¡Qué gracioso! Con una francesa... Y tío Ramón, quieras que no,[8.2] te trajo de una orejita...[8.3]
Pepe. A mí, no; adoptó el sistema más práctico, se la trajo a ella... En el teatro Japonés la tienes[8.4] cantando.
Luisa. ¡Pobrecito! Todas te dejan... Debes tener el corazón destrozado...
Pepe. No lo creas, fortalecido. Mis equivocaciones en la vida han sido engaños, no desengaños, y no me han entristecido ni me han vuelto desconfiado siquiera. Mi corazón está abierto de par en par.