Luisa. Esperando el cariño soñado, el ideal... ¿No es eso?
Pepe. Yo nunca he creído que el cariño..., el amor, en el lenguaje poético, sea la felicidad por sí solo; nos lleva dulcemente de la mano hasta la entrada; pero después el camino es penoso, y el amor, débil niño, tiene que transformarse en algo más serio, más fuerte, para seguir adelante, en deber, en sacrificio...
Luisa. Está muy bien eso que dices... ¡Primera sorpresa!
Pepe. ¡Bah! Tantas sorpresas podía[9.1] darte, y tú a mí, y los dos a nosotros mismos... ¿Qué sabemos de la vida? ¿Cómo nos han educado? Con el sistema de los padres en España: de considerar a los hijos siempre como chiquillos; yo, en mi casa, soy siempre Pepito; tú, Luisita, siempre para tu padre: dos chiquillos de quien[9.2] sólo se espera alguna travesura, de quien nada se toma en serio; nuestros caprichos, más o menos discutidos, satisfechos siempre; niños mimados por nuestros padres, mal dispuestos a ser maltratados por los demás en la vida. Cuando empecemos a vivir por nosotros mismos, pecaremos de osados o de tímidos; no sabremos ir con la tranquila seguridad que da la confianza en sí mismo, porque nuestros padres nos han dicho: «No seas así», o «Debes ser así»; pero «Así eres», nunca. Yo no sé cómo soy, y a ti te pasará lo mismo.
Luisa. Tienes mucha razón. No nos enseñan a conocernos. Y ahora, porque a nuestros padres se les antoja que todo se quede en casa,[9.3] porque nos juzgan además incapaces de elegir por nosotros mismos, nos dicen, sin más ni más, «a casaros», y, de buenas a primeras, novios un par de meses, y asunto concluido, y después desgraciados para toda la vida... Si no estuviéramos de acuerdo para oponernos... Yo te confieso que no seré la primera en decir que no; tú debes ser quien...
Pepe. Me opondré.
Luisa. Dices que soy muy buena, muy bonita, todo lo que quieras; pero que no soy la mujer soñada... Tú tendrás tu ideal, como todo el mundo. A propósito, ¿cómo es tu ideal?
Pepe. ¿Mi ideal? ¿Para mujer propia? Vas a reírte.
Luisa. ¿Rubia? ¿Morena? ¿Alta? ¿Bajita?
Pepe. No lo sé. Va vestida de gris; es lo único que puedo decirte.