Hernández. A nuestro querido amigo... Pero usted le habrá convencido ya... Eso no puede ser...; ¡provocar una crisis en las actuales circunstancias..., una crisis... por una tontería!... Comprendo si hubiera usted tenido algún disgusto personal...; pero usted sabe que sólo cuenta usted con[21.1] verdaderos amigos en el Gobierno y en la mayoría.

Manuel. Pero amigos que no piensan como yo en asuntos tan importantes como los que yo defiendo.

Hernández. Pero ése no es motivo; a usted personalmente no se le niega nada.

Manuel. Se me niega el cumplimiento de mis compromisos ante la opinión, ante el país.

González. Pero, ¿a qué[21.2] llama usted opinión? ¿A los periódicos? ¡Si se abstuviera usted de leerlos!...

Manuel. Mi padre tuvo la debilidad de mandarme al colegio y yo la de aprender a leer..., y la mala costumbre de leerlo todo. La actitud del avestruz ocultando la cabeza debajo del ala, para no ver el peligro, no es la actitud más propia de un hombre de gobierno...

González. Pero, querido amigo, yo le creí a usted de más carácter.

Manuel. Hoy llaman ustedes carácter a no tener ninguno, a pasar por[21.3] todo.

Hernández. No, querido amigo; a sobreponerse a todo, que no es lo mismo..., a mostrarse superior a las circunstancias...

Manuel. No se cansen ustedes, mi resolución es irrevocable.