Emilia. Por chafar a Hernández...; tú me lo dijiste... Pues figúrate que yo también quiero chafar a alguien..., a alguien que yo sé que se ha burlado de mí; mujer de alguno de tus compañeros de Ministerio...

Manuel. ¿Quién hace caso?

Emilia. Sí, sí, me lo han dicho...; me consta: ha dicho que soy cursi... ¡Como soy la única joven del Ministerio!...

Manuel. Y la más guapa, también puedes decirlo...

Emilia. Eso lo dices tú..., y me gusta oírlo... Pero eso lo puede ser cualquiera...; elegante, ya es más difícil...

Manuel. También lo eres..., como debes serlo...

Emilia. Si..., ¡pero si vieras!... Yo comprendo que algunas veces no he estado acertada en la toilette..., pecaba por exceso...; pero ahora este vestido es de un supremo chic...; como que he sostenido correspondencia diaria con el modisto durante veinte días..., y muestras van y vienen, y figurines y descripciones..., y yo sin decidirme, y él ideando creaciones... «Sueño con usted», me dice en una de sus cartas...

Manuel. ¡Caracoles!

Emilia. «Piense usted en mí siempre», le digo yo en todas las mías...

Manuel. ¡Pues sabes que cualquiera que leyese la correspondencia...!