Capitán. ¡Increíble traición, que no quedará sin castigar! ¡Yo te aseguro que si el señor Polichinela se pone al alcance de mi mano...!
Arlequín. ¡Ventaja de los poetas! Yo siempre le tendré al alcance de mis versos... ¡Oh! La tremenda sátira que pienso dedicarle... ¡Viejo dañino, viejo malvado!
Capitán. ¿Y dices que tu amo no fue siquiera herido?
Crispín. Pero pudo ser muerto. ¡Figuraos! ¡Una docena de espadachines asaltándole de improviso! Gracias a su valor, a su destreza, a mis voces...
Arlequín. ¿Y ello sucedió anoche, cuando tu señor hablaba con Silvia por la tapia de su jardín?
Crispín. Ya mi señor había tenido aviso...; pero ya le conocéis: no es hombre para intimidarse por nada.
Capitán. Pero debió advertirnos...
Arlequín. Debió advertir al señor Capitán. Él le hubiera acompañado gustoso.
Crispín. Ya conocéis a mi señor. Él solo se basta.
Capitán. ¿Y dices que por fin conseguiste atrapar por el cuello a uno de los malandrines, que confesó que todo estaba preparado por el señor Polichinela para deshacerse de tu amo?...