—¿Qué traes tú por aquí?—dijo uno de los escribientes al acercarse la mujer.
—¿Cómo ha quedado Gasparón?—preguntó el otro.
—Pues, ¡cómo ha de quedar! Manco.
—¿Y a qué vienes?
—A cobrar.
Uno de aquellos hombres tomó un cuaderno y comenzó a pasar hojas murmurando:
—Gaspar... Gaspar...
—Está por Santigós. Nave de taladros, sección segunda—dijo la mujer.
—Es verdad; Gaspar Santigós, aquí está.
—Ese es—añadió ella suspirando.