—¿Y tabaco?
—Eso sí, toma.
Y la Mona sacó de la cesta el fondo de una escupidera de cristal rota, con lo menos diez colillas de puro..
—¡Son habanas; éstas se lavan y pa mí: u sin lavarlas!—dijo sonriendo Pachín.
—Entonces pa tí, pa mezclar. ¿Y tú, que has pescao?
—Mira.
El Guarro vació entonces todo el contenido del talego, y sobre las losas de la acera quedaron desparramados cien objetos imposibles de definir. Allí había de todo, reducido a nada; piezas de hierro con empleo desconocido, botones sin asa, escarpias sin punta, hebillas sin pincho, una regadera abollada, media petaca, un muelle de reloj, puchos recortes de trapo, dos carretes sin hilo y una zapatilla grande, vieja, de raso azul bordada de oro y con tacón Luis xv.
—¿Y la otra?—preguntó ella.
—No ha pareció; pero ¡mira!
El Guarro sacó de la chaqueta con aire de triunfo, media cucharilla de plata.