—¿A quién?
—A un amigo mío con quien estoy organizando una sociedad muy útil y provechosa. Ahora no existe ninguna semejante ni parecida: queremos que sea medio sociedad medio cofradía, con honores de tribunal. Si nos dejan, el Santo Oficio con levita. Hace mucha falta porque hoy no se respeta nada ni se cree en nada, el sentido moral anda por los suelos, el mundo está perdido... Pero tú no puedes comprenderme.
Magdalena sonriendo entre provocativa y burlona, al mismo tiempo que se prendía las últimas horquillas en el moño, volvió la cara hacia su amante, hizo un guiño muy expresivo y dijo:
—Hazte socio, monín. Oye ¿y cómo se llama esa hermandad?
—La hoja de parra.
—¿Y para qué es?
El caballero se puso muy serio y con voz grave y sonora, repuso:
—La Hoja de parra será una Asociación para atajar los progresos de la inmoralidad y de la falta de fe.
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