—Me lo figuro; pero toda buena obra trae consigo su recompensa. En fin, piénselo usted.

—¿Puedo estar seguro de que obraremos sólo por favorecer a esa comunidad, sin ninguna otra mira bastarda? No se ofenda Vd., señora; yo soy así.

—No nos anima más deseo que el de contribuir al engrandecimiento de una institución piadosa. Usted la conocerá y juzgará luego.

—Pues delo Vd. por pensado: acepto.

—¿Quiere Vd. que yo le facilite ocasión de hablar a la novia de su hermano?

—Avisaré cuando lo considere oportuno; pero me parece que yo me lo trabajaré todo.

—No olvide Vd. que lo esencial es la ruptura.

—Espero que la conseguiré.

Al llegar aquí Tirso creyó oportuno poner gesto triste, y dando a la voz acentos de amargura, dijo:

—¡Ah, señora! ¡Si Vd. pudiera apreciar la pena de mi corazón al comprender que las ideas de mi hermano disculpan... hasta justifican, que yo tome cartas en este asunto!