—Muy duro me parece el sacrificio.
—A mí también; pero no veo otro camino de salvación. ¿Cuánto crees que me darían?
—Agenciándolo bien, ¿qué sé yo? a lo sumo, cuatro o cinco mil reales.
—Con eso tendría bastante para pagar lo que debemos y hacer frente a la situación; pero luego necesitaría tu apoyo.
—Cuenta con él.
—Mi proyecto es el siguiente: primero, buscar esa cantidad por el medio indicado: y luego, tener una entrevista seria con mi madre, ver si sé hablarla al corazón, aunque no espero nada. Si se hace cargo de la realidad, atiende a razones y promete enmienda, aún podemos vivir en paz: yo me mataré a trabajar.
—No te hagas ilusiones.
—En ese caso, tomar el dinero de la sustitución, pagar las pocas deudas y...
Vaciló, sin atreverse a continuar.
—Habla, hombre, ¿qué más?