—¿Y qué dirá tu novia?
—¿No tengo que renunciar a mi madre? Después de esto, ¿qué desengaño he de temer? A pesar de todo, tengo confianza en ella.
—¿Estás resuelto?
—Si vosotros me hacéis el favor que os pido, sí.
—Cuenta con nosotros y, sin embargo, créeme: antes trata de ablandar a tu madre.
—No tengo esperanza de lograr nada, pero lo intentaré.
—Falta un cabo por atar. Supones, y desgraciadamente no te equivocas, que tu hermana y tu madre irán a parar a la maldita cofradía: pero, ¿vas tú a quedarte en medio de la calle?
—He pensado en todo. Cuando el buñolero con quien vivía Pateta supo que tenía amores con su hija, no se opuso a las relaciones, pero dijo al chico que no le parecía bien que siendo novios siguieran bajo el mismo techo, y el muchacho está hoy en una casa de huéspedes que le cuesta muy poco: con él pienso irme.
—Poco te durará la compañía, porque Pateta entra en quinta estos días.
—¡Quién sabe si la suerte nos juntará por esos mundos!