—Me voy mañana.

—¿No hay esperanza de evitarlo?

—Ninguna: mañana, sin falta.

—¿Y tu madre?

—Todo ha sido inútil: se queda en el convento.

—¿Y tu padre?

—Esta tarde le llevo a casa de mi amigo Millán.

—¿Es cosa resuelta?

—Sí.

—¿Tienes confianza en mí? ¿Crees que yo puedo ofenderte, sea cual fuere lo que te diga?