—Por los atentados contra el Romano Pontífice.
—Perdón, Señor.
—Por las persecuciones levantadas contra los obispos, sacerdotes, religiosos y sagradas vírgenes.
—Perdón, Señor.
—Por los insultos hechos a vuestras imágenes, la profanación de los templos, el escarnio de los Sacramentos y los ultrajes al augusto Tabernáculo.
—Perdón, Señor.
—Por los crímenes de la prensa impía y blasfema, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas.
—Perdón, Señor.
—Basta por esta noche—dijo Tirso levantándose.—Mañana, el rosario y paráfrasis de un mandamiento.
—¿Llevamos cinco, verdad?—preguntó Leocadia.