—¿V. lo esperaba?

—Tan seguro lo tenía, que antes de venir he pedido permiso a mi ama doña Carmen.

—¿Y qué le ha dicho a V.? ¿Y por qué lo sospechaba V.?

—¿Me da V. su permiso para que hable clarito?

—Se lo ruego.

—Pues V. está enamorado de la señorita Julia; V. ha comprendido que en la casa pasa o ha pasada algo muy gordo, como vulgarmente se dice, y quiere enterarse... naturalmente, un hombre tiene derecho a saber lo que puede importarle.

—Y esto que V. dice, ¿lo sospecha también doña Carmen?

—A mi señora no se la escapa nada.

—¿Y doña Clotilde y su marido?

—La enferma, V. lo sabe, no está para nada: el señorito Javier no sé si se habrá fijado; pero ese... lo mejor que le podía suceder era que la señorita Julia saliera de casa.