—¿Y ella?

—Doña Carmen dice que sí, que la señorita ha comprendido que V. la quiere; yo, a decir verdad, no lo sé. ¡Ojalá le hiciese a V. caso! todo se lo merece... aunque no sea más que por lo que ha sufrido.

—Veo que con una mujer como V. no hay que andarse por las ramas, y menos estando doña Carmen enterada de...

—Pues pregunte V. lo que quiera. Soy vieja, llevo veinte años al lado de doña Carmen, y ya le digo a V. que estoy aquí con su consentimiento. Lo que V. desea saber es... la situación de la señorita Julia en la casa, el por qué no se lleva bien con la señorita Clotilde y con su marido; en fin todo lo que pasa.

—Cabal.

—Va V. a salir de dudas. La señorita Julia es sobrina carnal de doña Carmen, hija de una hermana suya que murió hace quince años. La ha criado como a su propia hija, que es de la misma edad, poco más o menos. En vez de una hija, han sido dos... y, la verdad, la señorita Julia es de mejor índole, más cariñosa y dulce.

—¡Eso un ciego lo ve!

—Hace tres años comenzó D. Javier a seguirlas por todas partes: a teatros, conciertos, paseos... en fin, lo que hace un enamorado.

—¿De quién?

—De la señorita Julia. Por fin le presentaron en la casa; ella no le puso mala cara, y estuvieron en relaciones... cosa de seis meses.