—¿Sabía ella con seguridad cuándo te embarcabas?
—Fijamente, no. ¿Por qué?
—Porque esas cartas son muy atrasadas: estos últimos días no ha escrito... esta mañana ha llegado otra carta... pero no parece suya la letra... tómala.
—¿De modo que estas son anteriores?
—Claro: la última vino el 2; estamos a 30; con que...
—¡Veintiocho días sin escribir!
Desazonado por el presentimiento de alguna desgracia, rompió el sobre, cuya letra no era de Felisa, y miró la firma.
—¿De quién?—preguntó Pepe.
—De Lorenza.
—¿Quién es esa señora?