Del canon que acabo de citar se infiere que era muy general el abuso de apelar los particulares á la violencia para reducir á esclavitud á personas libres. Tal era en aquella época la situación de Europa, á causa de las irrupciones de los bárbaros, que el poder público era débil en extremo, ó, mejor podríamos decir, que no existía. Por esto es muy bello el ver á la Iglesia salir en apoyo del orden público, y en defensa de la libertad, excomulgando á los que atacaban y menospreciaban así el precepto del rey: praeceptum domini regis.

(Concilium Rhemense, anno 625 vel 630.)

Se reprime el mismo abuso que en el canon anterior.

«Si quis ingenuum aut liberum ad servitium inclinare voluerit, an fortasse iam fecit, et commonitus ab episcopo se de inquietudine eius revocare neglexerit, aut emendare noluerit, tanquam calumniae reum placuit sequestrari.» (Can. 17.)

(Concilium Confluentium, anno 922.)

Se declara reo de homicidio al que seduce á un cristiano y lo vende.

«Item interrogatum est, quid de eo faciendum sit qui christianum hominem seduxerit, et sic vendiderit; responsumque est ab omnibus, homicidii reatum, ipsum hominem sibi contrahere.» (Can. 7.)

(Concilium Londinense, anno 1102.)

Se prohibe el comercio de hombres que se hacía en Inglaterra, vendiéndolos como brutos animales.

«Nequis illud nefarium negotium quo hactenus in Anglia solebant homines sicut bruta animalia venundari, deinceps ullatenus facere praesumat.»